En el corazón de la Bajada, y como cada año, el pueblo zuliano se congregó para recibir a su amada Chinita en un acto de fe que estremeció el alma de la ciudad. La sagrada imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá abandonó su camarín dorado para descender entre aplausos, cantos y lágrimas de emoción, reafirmando su papel como símbolo de consuelo y esperanza en medio de los desafíos que enfrenta el mundo.
Más de cuarenta mil almas, entre ellas el alcalde Giancarlo Di Martino y su esposa Ana Clara Barboza, el gobernador Luis Caldera junto a su primera dama Roselyn López, además de la presidenta del Consejo Legislativo Magdely Valbuena y otras autoridades civiles y militares, se unieron en esta eucaristía llena de fervor. El ambiente se llenó de espiritualidad gracias a la música de Los Chiquinquireños y la voz inconfundible de Neguito Borjas, quienes convirtieron la celebración en un tributo sonoro a la Reina del Zulia.
La eucaristía que unió corazones La ceremonia fue guiada con solemnidad por monseñor José Luis Azuaje Ayala, arzobispo de Maracaibo, acompañado por el párroco rector Nedward Andrade y un nutrido equipo de sacerdotes. Los fieles elevaron plegarias por Venezuela y por quienes sufren las consecuencias de desastres naturales, mientras el ensamble Godspel Alma & Voces elevó alabanzas a Dios con melodías que resonaron en el alma de los presentes.
«Mientras escribía esta homilía, lo hacía padeciendo el virus del Covid, que aún anda suelto en el ambiente, y por lo que me uno en una ferviente oración por todos los enfermos de nuestras comunidades y centros de salud, por aquellos más vulnerables a diversas enfermedades. Nos unimos con filial afecto a nuestro querido papa León XIV, que también ha transitado por su enfermedad, pidiendo por su total restablecimiento».
El arzobispo recordó que este encuentro anual es un momento esperado con ansias por los zulianos, pues representa la llegada de su patrona para infundir alegría y esperanza. «Todo devoto zuliano espera con mucho ánimo, alegría y esperanza esta hermosa eucaristía de la bajada de la amada Chinita a nuestro pueblo», expresó.
Un mensaje de fe y resistencia Monseñor Azuaje destacó la misión de la Chinita: mostrar a su hijo, Jesucristo, como luz en medio de las luchas cotidianas. «Su papel de Madre es acompañarlo, indicarle el camino ferviente de un pueblo que en la vida y en la muerte lucha, canta y ora», subrayó.
Concluyó su mensaje con una invitación a mirar hacia el futuro con optimismo: «Alégrate y gózate, pueblo zuliano, pueblo fiel de Dios».
Esta edición conmemoró hitos históricos: los 317 años de la renovación milagrosa de la imagen en la Tablita, los 84 años de su coronación canónica y los 125 años de la Sociedad Religiosa Servidores de María. Tras la misa, la reliquia emprendió una procesión por las calles cercanas a la Basílica, sellando una vez más el vínculo indestructible entre la patrona y su pueblo.